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Nuestra Historia

 

 

Rocha, Martes 11 de agosto de 2020


Cancelado

Por Melisa Freiría
Como sociedad hay debates que ya debiéramos haber superado. No tendríamos que estar aclarando que los varones violan, ni discutiendo si son de un partido o de otro, ni avisando que no son todos sino algunos. Los hombres violan sin importar su identificación política. Los hombres violan sin importar si son ídolos de generaciones enteras. Violan sin importar si son padres, hermanos, abuelos, amigos, etc. Es algo que ya tendríamos que haber asumido como sociedad y dejar de sorprendernos. Superemos la cultura de la violación y pensemos individual y colectivamente qué hacer con eso.
Cuando decimos que “se va a caer”, ¿a qué nos estamos refiriendo? Tenemos arraigada una estructura de pensamiento con determinado marco de valores, principios y tradiciones que creemos correctos, adquiridos históricamente para cada tiempo y lugar. Esta estructura de pensamiento muchas veces avala violaciones a los derechos humanos, pero está en constante devenir. Por eso es que por ejemplo llegó un momento en el que abolimos la esclavitud. Sin embargo, hoy en día a la mujer se la sigue considerando un objeto de posesión sobre la cual se tiene poder en distintas culturas y se la puede violar. Porque la violación es eso, un sistema de dominación dentro de las relaciones de poder y por lo tanto subsiste. Esta estructura de pensamiento es la que “se va a caer” fruto de la lucha de las mujeres en la evolución de la humanidad.
Duele darse cuenta de que una persona a nuestro alrededor puede ser o haber sido violador. Cuesta mucho asumir que alguien con quien nos relacionamos, o a quien admiramos durante mucho tiempo, sea una persona que haya violado. Nadie dijo que no iba a doler. El hecho de tomar conocimiento de un abuso o violación por parte de alguien cercano o conocido tampoco nos hace cómplices de nada, pero lo que sí nos hace es ponernos a prueba en nuestro accionar desde ese momento.
Frente a los abusos y las violaciones hacia las mujeres, que ya sabemos que existen, ¿Cómo reaccionamos como comunidad? ¿qué hacemos?.
En este sentido, ha tomado fuerza la llamada cultura de la cancelación. Cuando producimos y consumimos cultura estamos contribuyendo a reproducir un relato, un sistema de “valores”, así como también el propio sentir del artista. La cultura de la cancelación ha sido entonces una herramienta para encausar dicha cultura y con ella el sentido común, hacia lugares deseables. Las redes sociales ayudaron a afianzar con firmeza estos procesos.
Cuando consumimos música cuyas letras lo único que hacen es tratar a la mujer como una propiedad y objeto sexual, estamos contribuyendo a la cultura de la violación. Cuando seguimos consumiendo un producto de un violador, le seguimos financiando su carrera como si nada.
Obviamente tomar la decisión de dejar de consumir implica un cambio cada vez mayor en muchísimas cosas de nuestra vida cotidiana. Nadie dijo que no iba a doler, pero no olvidemos que el mayor dolor lo sufren las víctimas y es con ellas con quienes tenemos que empatizar. Porque si no es con nosotras, no es con nadie.

 

 

 

 

 

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