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Rocha, Martes 11 de abril de 2017

ALGO MÁS QUE PALABRAS

TIEMPO DE GRATITUD Y GRATUIDAD
(ANTES DE QUE NOS GLOBALICE LA CATÁSTROFE)

 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net

 

                Nunca es tarde para poner en valor la gratitud y que reverdezcan los horizontes de la vida. Mostrar agradecimiento es lo propio de un ciudadano de bien, dispuesto a sentir el gozo de la interdependencia entre las personas y la variedad de especies con las que compartimos nuestro andar. De ahí, la importancia de protegernos unos a otros y de alumbrar la emoción de la poesía que nos alienta. Ojalá aprendamos a embellecernos con la bondad de unos y de otros, a ser cada día mejores con la esperanza de un porvenir mejor para todos, y a desvivirnos por la Madre Tierra y la Familia Humana.

                Así, con mayúsculas, la Tierra es la casa colectiva, en la que no han de consentirse privilegios alguno, sino justicia para todos. Al igual que cada árbol cumple su función en la biosfera, también deberíamos hacerlo nosotros como seres humanos, preocupándonos mucho más por nuestro hogar común. Por otra parte, la frágil estirpe debe tomar el firme propósito de ser más caritativa, más respetuosa con la poética de la creación y hacer un uso moderado de las cosas. Quizás nuestro descontento, por aquello de lo que escaseamos, proceda de nuestra falta de reconocimiento hacia lo que tenemos. Sería saludable, por consiguiente, hacer un serio examen de conciencia y llenos de arrepentimiento, activar un cambio de modos y maneras de vivir, a fin de mejorar, ya no solo nuestros habitables espacios, también la convivencia, o lo que es lo mismo, el sencillo arte de vivir como hermanos.

                Asimismo, la gratuidad en una época de tantos intereses de conveniencia y recompensa, merece ya no sólo ser considerada, también vivida. En ocasiones, olvidamos que lo transcendente en nuestra existencia nos llega gratuitamente a poco que abramos el corazón. Tantas veces pensamos que todo gira alrededor nuestro, pues no percibimos la donación como entrega desprendida, sino que practicamos la vanidad en cualquier rincón del camino, dejándonos al descubierto hasta nuestro amor propio.

                Por desgracia, nos hemos acostumbrado a que todo es cálculo y medida, precio y posesión, algo que no puede concebirse en un mundo en el que todo nace porque sí, y en el que nadie se lleva nada consigo. En el jueves santo, precisamente, la iglesia católica celebra la generosidad por excelencia, como una superabundancia de compasión y clemencia, de luz y caridad fraterna, sabiendo que al atardecer de nuestra existencia seremos examinados del amor. Recordemos el gesto del Señor de lavar los pies a sus discípulos como un acto de afecto y servicio. Al día siguiente, con la pasión y muerte, lo envolverán todo en tinieblas y oscuridad, como si el poema de la vida se borrase de nuestro iris viviente. No obstante, cuando todo parece haberse derrumbado en la nada, surge el día y prevalece como un floreciente verso, cuando el Padre arranca a su Hijo amado del abismo de la muerte, bajo una atmósfera verdaderamente embellecedora, tras derribar todas las barreras del odio. De igual forma, los no creyentes han de aprender de este don de la naturaleza, de esta fuerza armónica, a cooperar con sus análogos de modo constructivo. Sin duda, este es el primer pulso en el camino de la transformación. 

                Bien es verdad que para este cambio se requiere un creciente consenso entre toda la especie humana. Por ello, conscientes de la tremenda realidad de contiendas sembradas por el mundo, se me ocurre pedir más diálogo y menos amenazas, más conversaciones y menos silencios, tal vez una justicia universal, con una autoridad universalmente reconocida y aceptada. Todo esto, también nos exige a los humanos, un mayor compromiso de acciones conjuntas activadas desde la gratitud y la gratuidad, lo que acrecienta la amistad entre pueblos. Hoy más que nunca nos hace falta aglutinar sosiego, pero también empujar lenguajes comprensivos que mermen las tensiones mundiales, que mal que nos pese, están aumentando considerablemente. También se acrecienta el número de seres humanos que viven con miedo crónico y necesitan terapia, muchos de ellos niños.

                Subsiguientemente, deberíamos mirarnos más en nuestra historia y perseguir un coloquio entre culturas más inclusivo, respetando en todo momento la diversidad y nuestras diferencias, escuchándonos más y mejor, sobre todo poniendo empeño en los acercamientos de unos y otros, con un espíritu de compromiso y flexibilidad. Sea como fuere, necesitamos reencontrarnos como humanidad antes de que nos globalice la catástrofe, ya que todos somos necesarios e imprescindibles. El fortalecimiento de las normas internacionales es un avance fundamental, ha de serlo por muy difícil y largo que sea el pasaje de la paz. En cualquier caso, nadie puede actuar a su antojo, con total impunidad, violentando los derechos humanos. No sigamos, en consecuencia, destruyendo el espíritu humano de la concordia, que nos pasará factura más pronto que tarde.

                Ciertamente, lo armónico hace crecer las pequeñas cosas de cada día; la discordia, sin embargo, todo lo arruina. Al fin uno siempre recuerda, con cierta dosis de gratitud, aquellas gentes que impulsaron en nosotros buenos sentimientos, como el de la gratuidad sin negocio. En un mundo en el que todo se compra y se vende, por momentos hasta la propia vida humana, es bueno que las culturas diversas huyan de ese afán mercantilista, principalmente en cuestiones de principios. Lo decía el inolvidable científico alemán, nacionalizado estadounidense, Albert Einstein (1879-1955): "Al principio todos los pensamientos pertenecen al amor; después, todo el amor pertenece a los pensamientos". En efecto, uno vive con las ideas, las comparte ofreciéndolas de manera franca y noble, a la espera de que  puedan contribuir a una atmósfera de alianzas, siempre y cuando cohabiten mentes abiertas.

                Con frecuencia, pensamos que solamente nosotros tenemos razón, y apenas hacemos nada por entender otras reflexiones; es la idolatría del propio pensamiento: yo lo pienso así, esto debe ser así y punto. Pues no, la vida es algo más que un lenguaje único, que un corazón con un abecedario, por muchas titulaciones superiores que poseamos. Hay que ser humildes, tanto como el polvo del camino, y ver que los endiosamientos nos han degradado como personas. Está visto que paso a paso, podemos hacer más entre todos, para cimentar nuestro acontecer diario en valores comunes de igualdad y dignidad humana. La exclusión no es de recibo, tampoco es de justicia. Defender los derechos humanos, estemos donde estemos, va en congratulación de todos.

                Estoy convencido de que si practicásemos más la gratuidad con nosotros mismos, viviríamos mejor, al  menos con menos fraudes, pues uno siempre ha de poseer el privilegio de ser uno mismo para no ser absorbido por la tribu del dividendo, que utiliza el "tanto tienes, tanto vales". Uno tiene que interrogarse en libertad siempre, y tener tiempo para poder asombrarse, tanto de sus propias ideas como de las que le llegan. También la sabiduría es un don que nos permite discernir lo verdaderamente transcendental de lo secundario, especialmente en un mundo de tanta ausencia de amor y de respeto a la vida, al prójimo y a toda la creación. Sin duda, es saludable el mensaje de donarse, de salir de uno mismo, de abrazarse al mundo y a la humanidad. Juntos, al fin, defendamos con gratitud y gratuidad los derechos de los demás, hoy, mañana y siempre.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
9 de abril de 2017


Las procesiones y su significado oculto

 

Muchas personas no sólo se aferran al culto que las Iglesias celebran en relación a la muerte, es decir a las procesiones y a las muchas tradiciones que poco tienen de cristianas, sino que ni siquiera son conscientes del verdadero significado de los sucesos de Semana Santa. Muchos siguen creyendo que Jesús de Nazaret tuvo que ser sacrificado como chivo expiatorio para apaciguar a un Dios encolerizado. Con toda seguridad que la muerte de Jesús en la cruz no hubiera sido necesaria si las personas Le hubieran aceptado a Él y a Sus enseñanzas. Entonces el Nazareno habría podido traer el Reino de Dios a la Tierra si aquellos que se decían sus seguidores hubieran cumplido las enseñanzas verdaderas del cristianismo.

En el libro de la Editorial Gabriele “Esta es Mi Palabra, alfa y omega”, leemos lo siguiente en relación a la muerte de Jesús: “Quien piensa en el crucificado y adora al cuerpo colgado en la cruz de la resurrección, aún está colgado él mismo en la cruz del pecado. No Me ha aceptado ni acogido aún en su corazón. Es decir que quien dice que sí al hecho del cuerpo en la cruz, aferrándose aún a la cruz con el cuerpo martirizado, no ha resucitado aún en Mí, el Cristo. Da testimonio de sí mismo, de que vive aún en la servidumbre del pecado y de que se deja influenciar por lo pecaminoso. Pues los demonios quieren ver al crucificado, la cruz con el cuerpo, que para ellos significa la derrota del Nazareno, no la victoria del Cristo. Con el cuerpo muerto en la cruz, quieren inculcar a la humanidad la idea de que el Hijo de Dios ha sucumbido al pecado. Pero Yo he resucitado y he regresado al Eterno. Os he traído la Redención. La cruz sin el cuerpo muerto simboliza la resurrección y la victoria sobre las tinieblas. Por eso todos los hombres que viven en Mí, y a través de los cuales Yo vivo, se atendrán a la cruz de la victoria, que no lleva cuerpo; pues al igual que Yo conquisté la victoria sobre las tinieblas, los hombres y las almas que conscientemente creen en Mí y hacen cada día más la voluntad del Santísimo, han conquistado la victoria sobre el pecado”.

En la actualidad todavía se cuentan por millones las personas que, en la creencia de seguir a Cristo, participan en las procesiones, con ello denotan que no son conscientes de que así están dando fuerza y apoyo la imagen que el demonio quiere: el paseo público de la derrota y la humillación del Nazareno, de Jesús de Nazaret, el hijo de Dios. Además siguen apoyando a una institución, que ya abrumada por los casos de sacerdotes pedófilos, pone al descubierto quienes son y que justamente ahora por Semana Santa, vuelve a utilizar el recuerdo de Su vida para tratar de encubrir con ritos y procesiones lo ya inocultable.
Para muchas personas todo esto supone un conflicto interno, pues por un lado desean participar de la festividad pagana pero por otra parte desean seguir a Cristo en su interior cumpliendo Sus excelsas enseñanzas. De esta última forma es como únicamente conseguirán descubrir que Él, el maestro de la paz y de la humildad, hace tiempo que no está en las iglesias, ni en sus ritos  ni en sus celebraciones. 

 Maximiliano Corradi

Del Programa “Semana Santa”
www.vidauniversal.com

 


 

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