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Rocha, Viernes 10 de marzo de 2017

Un acuerdo de libre comercio Uruguay-China (I)
Por Marcel Vaillant

Se observan diversos posicionamientos de actores políticos y sociales en relación a los efectos de un probable acuerdo de libre comercio entre Uruguay y China (Alcuc). Muchos de ellos hacen referencia a un Informe de Gobierno de diciembre de 2016, donde se analizan estos impactos.
El número más impactante es siempre el referido al empleo. Según los trascendidos de prensa la consecuencia de tal acuerdo sería la pérdida de 35.000 puestos de trabajo en el sector manufacturero, hecho que ha sido enfatizado en particular desde el Ministerio de Industria. No pretendo aportar nuevos números sino aclarar conceptos que a mi criterio se están manejando, en algunos casos, de forma confusa e incluso en otros, totalmente equivocada. Lo grave de esta confusión y de equívocos es que está ubicado a nivel de los formadores de opinión pública y actores que más están directamente involucrados en la generación de una postura a este respecto y que influirán en el proceso decisorio posterior.
El mensaje que quiero comunicar es simple. Un acuerdo con un país del tamaño económico de China registra dos efectos fundamentales. Por un lado, permitiría obtener una mejora en acceso al mercado que se traducirá en mejores precios y seguridad de inserción para un conjunto de sectores exportadores. Por el lado de las importaciones, implicará un ahorro en la medida que se reducirá el desvío de comercio hacia los socios regionales con menores niveles de eficiencia en el sector manufacturero. Tanto vendiendo como comprando el país obtiene una mejora de bienestar. Lo que sigue de la nota es la justificación de esta afirmación basándome para ello en la teoría de la integración económica.
El análisis de un acuerdo preferencial de comercio (por ejemplo típicamente la creación de una zona de libre comercio) implica dos efectos simultáneos que es necesario considerar. En primer lugar, la liberalización comercial respecto de un socio implica la sustitución de producción doméstica por producción más eficiente del socio con el cual se hace el acuerdo. A este efecto se le denomina creación de comercio y determina una mejora para la economía que se está liberalizando. Simultáneamente puede ser considerado una amenaza sectorial para aquellos sectores domésticos comparativamente más ineficientes que deberán contraer la producción. Una amenaza comercial es una contracción de la producción doméstica causada por un incremento de las importaciones del socio. Es decir, la creación de comercio tiene como contrapartida una amenaza sectorial, lo que en la jerga de la negociación comercial se denomina una sensibilidad. En segundo lugar, la liberalización comercial preferencial puede derivar en una mayor protección al socio. Este efecto se observa cuando el socio con el que se hace el acuerdo es relativamente más ineficiente que un proveedor del resto del mundo del cual el país en cuestión se abastece. El efecto es una sustitución de producción eficiente del resto del mundo por producción más ineficiente del socio comercial preferencial. A esto es lo que la teoría llama desvío de comercio. Se le compra al socio a un precio mayor (el nivel de preferencia) y se resigna ingreso arancelario que se traduce en una pérdida para la economía que se está liberalizando de forma preferencial.
Para tener una comprensión cabal del fenómeno se requiere elaborar estas ideas un poco más e integrar tres dimensiones nuevas al análisis: el tamaño relativo de los mercados, el nivel de la protección y la especialización de cada socio. La magnitud relativa y la forma en que se mezclan la creación y el desvío de comercio en cada sector, es función de la combinación de estas dimensiones. Por otra parte, es necesario mirar a cada país no solamente comprando (por el lado de las importaciones) sino también vendiendo (en sus exportaciones).
Este análisis permite construir tres casos típicos cada uno de los cuales tiene dos variantes: protección ampliada (exportador eficiente y no eficiente); protección reducida (exportador eficiente y no eficiente); caso intermedio (exportador eficiente y no eficiente). A su vez cada uno de estos casos tiene la posibilidad de distinguir si la protección es significativa o no lo es, por lo que la liberalización preferencial tendría efectos menores. Considerando además la especialización de los países en relación a su complementariedad comercial (que uno venda lo que el otro compra), las variantes se multiplican aún más. Para conocer el tipo de efectos en cada mercado se requiere hacer un juicio preciso sobre cada una de las dimensiones mencionadas.
En la segunda parte de esta nota voy a utilizar el acuerdo de libre comercio entre Uruguay y China (Alcuc) para ejemplificar los conceptos aquí mencionados y las dimensiones que se requieren usar para identificar el sentido y la magnitud relativa de los efectos. Este caso es tan extremo, dado el valor que adoptan estas variables, que es posible hacer una tipificación muy clara de lo que se espera vaya ocurrir tanto del punto de vista del flujo exportador como importador.
Dada las condiciones actuales que el país tiene en su contexto doméstico y regional, la verosimilitud que tiene firmar el Alcuc es baja. El análisis de este asunto es un problema en sí mismo y motivará alguna nota futura para analizar los motivos que han jugado en contra de una dinámica diferente en este tema. Pero vinculado con esta nota, quisiera destacar que la información de impactos para evaluar alternativas debe ser elaborada y aplicada con criterios técnicos estrictos para contar con una información útil, que permita decidir entre opciones distintas en función de cuales sean más convenientes para el interés general. Quizás el informe del gobierno esté hecho sobre estas bases, pero la comunicación pública de los eventuales resultados que arroja viene siendo hasta ahora muy deficitaria, y la reserva sobre su contenido no colabora en la dirección de promover una discusión racional e informada sobre el tema.


ALGO MÁS QUE PALABRAS
ANTE LAS MIL PESADILLAS
Y LOS MILLONES DE ATROPELLOS

 Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
 

                Es hora de levantarse y actuar. No podemos quedar paralizados por el recelo a lo que nos pueda pasar, tampoco por el miedo a ser aprisionados, necesitamos activar el coraje e impulsar el intelecto con tenacidad, pero sin fanatismos; con entusiasmo, pero sin rudeza; sabiendo que todo se forma de la unión y de la unidad, de caminar juntos y de hacer piña para aliviar las necesidades humanitarias. Son tantas las pesadillas que nos circundan, que hemos de reaccionar siempre con sentido de humanidad, máxime en un momento de tantas hostilidades, donde nadie respeta a nadie, ni a las propias leyes internacionales.

                Por otra parte, cada jornada son más los países mudos,  en el que los ciudadanos no pueden hacer oír sus voces porque afrontan riesgos graves, gravísimos, lo que dificulta la convivencia en un planeta cada vez más deshumanizado, desquiciado por mil patologías y desmembrado por la mentira, ante los mil atropellos que continuamente se suceden. Ciertamente, ante esta bochornosa situación, cada aurora cuesta más vivir y, sobre todo, vivir dignamente; usurpadas las raíces, desmemoriados y desplumados de la conciencia colectiva de la continuidad histórica del linaje, del modo de pensar y de sentir, de la manera de hacer cultura y de cultivarse.
 
                Está visto que esta era del conocimiento nos deja sin tiempo para la reflexión. Todo es doctrina interesada y excluyente. Esta putrefacta atmósfera nos mata. Apenas podemos caminar libremente, ya que  se impone la ley del más fuerte. Además, llegado al atardecer de la existencia, cuando no eres productivo te eliminan como si uno fuese un mero producto más de mercado. A este calvario, hay que sumarle el fenómeno de la explotación y de la opresión, empujado por una economía insensible que reduce al ser humano a un objeto más, sin voluntad alguna. Los efectos de este desorden son bien palpables. Hay un vacío que nos confunde a más no poder y nos deja sin aliento.

                En consecuencia, el abuso está a la orden del día, pues todo se relativiza al dinero y al poder, lo demás se degrada y se devalúa. Junto a este clima de arbitrariedades, más tarde o más temprano provocará su estampida, su descarga en forma de agresión y de contienda. En este sentido, también viene aumentando el riesgo de una carrera armamentística. Con razón el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas acaba de llamar una vez más a aplicar con rigor las sanciones a Corea del Norte tras sus continuos lanzamientos de misiles. Como advirtió  el presidente del Consejo, en declaraciones recientes: "Estas actividades contribuyen al desarrollo de sistemas de lanzamiento de armas nucleares, incrementan las tensiones en la región y más allá de ella, aumentando el riesgo a rearmarnos". Qué pena, que en lugar de desterrar las armas, continuemos probando las barbaries.

                Por si fuera poco todo este mundo de pesadillas y atropellos, nuestra generación anda tan desorientada por envidias y celos, que estamos alimentando un espíritu interno verdaderamente devorador unos de otros. Países que retornan a viejas divisiones que se creían ya superadas, gentes sin escrúpulos que todo lo embadurnan de odios en lugar de avivar una cultura de cooperación y colaboración. Así no podemos avanzar. Hoy más que nunca vivimos esa falsa paz, ese aparente sosiego de una minoría privilegiada, ese espíritu mundano que no le interesa hacer justicia justa, sino fingida o figurada en la retórica. En algún momento deberíamos repensar como especie y ver que la realidad nos supera para mal. Cada instante somos más lobos, menos precisos y menos preciosos también. De ahí la urgente necesidad de un pacto de especie por la concordia, por el sentimiento colectivo, por la creación de tribunas para la convivencia.

                La familia humana no se entiende de otra manera, requiere de armonía como de pan, de tranquilidad, pues lo importante es no caminar solos. Por desgracia, muchas gentes son el blanco del comercio, viven prácticamente en condiciones de esclavitud, en un mundo globalizado, pero sin corazón. Ojalá las nuevas generaciones movilicen una solidaridad desinteresada. Para eso, hacen falta lideres de amplios horizontes y de coherentes actuaciones. Precisamente, a mi juicio, el problema actual del planeta es la falta de liderazgo mundial. Necesitamos gentes de bien y bondad, capaces de aglutinar y no discriminar, de poner orden y de realzar políticas respetuosas con todos. Claro, por consiguiente, es necesario una educación que nos universalice en el pensamiento crítico y que ofrezca un pasaje de maduración en conciencia, en valores y principios de verdad. Progreso sin compasión no es más que una ruina del alma que, agotada, lleva en su culpa la pena.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
8 de marzo de 2017

 

 

 


 

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