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Nuestra Historia

 

 

Rocha, Martes 8 de setiembre de 2020


Corren y vuelan

Pesan los brazos y duelen las piernas, oprime el pecho una severa angustia, duele la memoria en la mente cansada. Es que maliciosa insidia se ceba en la credulidad de una opinión pública enfrentada a la manipulación sin freno, límites o pudor.

Por David Rabinovich
Porque escuchamos historias, enredadas en extremo y de exprofeso, déjame que te cuente: A mediados de 84 participé de alguna reunión -en el centro de Montevideo- de la que quisiera tener un más nítido recuerdo. En un apartamento de 18 de julio, nos juntamos no más de veinte compañeros. Uno por departamento –estaban casi todos- y el Dr. José Pedro Cardoso, representante del FA en las conversaciones del Club Naval. Allí fuimos consultados sobre la pertinencia de las negociaciones y si las bases del acuerdo eran aceptables. La discusión fue dura, tan franca como fraterna. Así eran todas las discusiones en el Partido Socialista por aquellos años. En esa especie de “Plenario Nacional” avalamos lo actuado y apoyamos el acuerdo. En relación a las violaciones de los derechos humanos no sobrevoló nada, ni se sobreentendió cosa alguna. Tuvimos todas las garantías de que el acuerdo no incluía ese tema. Si alguien trataba de meterlo en la agenda, las posibilidades de acordar una salida se iban al carajo. Supongo que para los malintencionados es más fácil captar la deshonestidad porque “cree el ladrón que son todos de su misma condición”. Salir de aquella situación no era sencillo y pesaba la situación de los presos, los destituidos, los exiliados… Los perseguidos y las persecuciones estaban en nuestras urgencias. Aceptar la proscripción de Seregni no fue fácil. Pactar con quienes se habían declarado nuestros enemigos, con los verdugos… Si habrá sido doloroso…
Trataré de hacer un poquito de historia con la ayuda de La Diaria, La República y la Wikipedia.
“El Pacto del Club Naval fue un acuerdo alcanzado el 3 de agosto de 1984 entre los máximos jerarcas militares y representantes de los partidos Colorado, Frente Amplio y Unión Cívica que posibilitó el retorno del régimen democrático a Uruguay, después de más de once años de gobierno cívico-militar.… Fue la culminación de una negociación secreta.” Dice la Wikipedia.
Las negociaciones comenzaron el 6 de julio, pero las conversaciones cívico-militares venían de antes. Según La República “En 2009 se publicó una investigación periodística, que aportó datos precisos sobre conversaciones secretas mantenidas entre el entonces secretario general de los colorados, (Sanguinetti, candidato y presidente electo en los comicios del 84, en los que no pudieron intervenir, ni Ferreirani Seregni),con el general Medina, no conocidas por los demás negociadores en el Club Naval.”
Antes pasaron algunas otras cosas. En las elecciones internas (noviembre de 1982) votó un 60,5%. Al régimen le fue peor que en el 80 (Plebiscito constitucional). Los ‘opositores’ triunfaron ampliamente: 76,2% en el Partido Nacional y 69,7% en el Partido Colorado. La Unión Cívica estaba habilitada pero el Frente Amplio no.
El FA se dividió. De los que no estaban proscriptos, algunos acataron la consigna del General Líber Seregni, que llamó a votar en blanco desde la cárcel. Otros frenteamplistas sufragaron por el wilsonismo y una cantidad menor, por la CBI colorada. La idea de la ‘Convergencia Democrática’ estaba vigente.
El 21 de mayo de 1981 el Consejo de Estado había aprobado la Ley Nº 15.137 de Asociaciones Profesionales. Se discutió mucho si aceptar la norma era avalar al régimen o se podía utilizar este espacio legal para reorganizar el movimiento obrero. Surge el Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT), que organiza el 1° de mayo de 1983 la mayor concentración de masas desde 1973.Pude ir y la recuerdo.
La derrota de 1980, las elecciones internas de los partidos políticos y el acto del 1° de mayo forzaron al gobierno a iniciar negociaciones para una salida democrática. Las Fuerzas Armadas organizan una serie de siete reuniones en el Parque Hotel. Por la Comaspo altos mandos: los generales Julio César Rapela (que la presidía), Yamandú Trinidad, José Sequeira, Hugo Medina, Germán de la Fuente y Jorge Bazzano, los contralmirantes Jorge Fernández y Ricardo Largher y los brigadieres generales Hebert Pampillón y Fernando Arbe. Por los partidos políticos: los colorados Julio María Sanguinetti y Enrique Tarigo, los nacionalistas Juan Martín Posadas, Gonzalo Aguirre y Fernando Oliú y los cívicos Juan Vicente Chiarino, Humberto Ciganda y Julio Daverede. El Frente Amplio no fue invitado a participar de las negociaciones. El 13 de mayo de 1983 fue la primera reunión, la última se efectuó el 5 de julio. Ante las discrepancias insalvables y el clima político existente, Julio María Sanguinetti anunció la decisión de los grupos políticos de retirarse de las negociaciones. El general Rapela acusó a los políticos de inflexibilidad.
Al fracaso de las conversaciones del Parque Hotel le siguió un endurecimiento de la dictadura; había llegado la hora de movilizarse para presionar al régimen.
En agosto de 1983 surge una alianza amplia y poco formal. La “Intersectorial” que nucleó y representó a los sectores mayoritarios de los partidos políticos junto a las organizaciones sindicales, estudiantiles y sociales. El objetivo era ponerse de acuerdo para coordinar y realizar movilizaciones y acciones de protesta en demanda de una apertura real.
La primera medida de la Intersectorial fue una “caceroleada” el 25 de agosto. El 27 de noviembre los partidos y las organizaciones sociales convocaron a un acto en elObelisco “Por un Uruguay sin exclusiones”. Una foto lo inmortalizó como "El Río de Libertad". Y allí también estuvimos.
Colorados, frenteamplistas y cívicos acordaron, el 3 de agosto de 1983, las “Bases para la transición” conocidas como “Pacto del Club Naval”. El 16 de abril de 1984, en el batallón Nº 9 de Fray Bentos, murió Vladimir Roslik víctima de la tortura. Los blancos catalogaron de forma muy dura el Pacto del Club Naval, pero participaron en las elecciones de 1984 con Wilson preso. El 25 de noviembre ganó Sanguinetti y el 30 fue liberado Ferreira. Cuatro meses después no había presos políticos ni proscripciones. El General Liber Seregni fue liberado el 19 de marzo de 1984.El estado de insurrección nunca se aplicó y la Asamblea General no propuso ninguna reforma constitucional. Todavía se discute sobre aquella transición, sobre la Ley de Caducidad (aprobada en 1986 con apoyo de Ferreira) y sobre el referendo de abril de 1989. [En base a La Diaria]
En el Club Naval los partidos políticos reclamaron cinco puntos: “liberación paulatina de los presos (unos 800, entre los que estaba Ferreira), derogación de los actos institucionales 7 y 14; desproscripciones, libertad de prensa, y cese del sometimiento de los civiles a la justicia militar”.1Quedó definida la fecha de las elecciones, la vigencia de normas transitorias que consideraría una Asamblea Constituyente (al final, nunca convocada); la habilitación de partidos (el PDC como lema permanente), el levantamiento de unas 600 proscripciones. Previamente, fueron derogados actos institucionales (7, 14); se liberaron presos políticos con la mitad de la pena cumplida (la amnistía fue en marzo de 1985); la Cruz Roja Internacional visitó los centros de reclusión.
El directorio del Partido Nacional se opuso al acuerdo y el Frente Amplio convocó a un acto en la Explanada Municipal donde Seregni, negó cualquier pacto: “No hay nada de contrapartida. No hay nada verbal o secreto que le reconozca a la dictadura, derecho alguno”. [En base a La República]
Juan Young dijo que el tema de los derechos humanos nunca estuvo planteado en las negociaciones, pero hubo planteos por vía indirecta. “Ellos (los militares) presentaron distintos textos, a través de los cuales pretendían que la justicia militar siguiera entendiendo en los delitos comunes cometidos por los militares en el ejercicio de sus funciones. Y entonces, todo aquello que pudiera haber sido violación a los derechos humanos hubiera sido competencia de la justicia militar, y no de la justicia civil (ordinaria). Ese texto fue rechazado, y fue un momento muy duro de las negociaciones, donde se interrumpió por un largo rato hasta que finalmente se llegó a mantener el texto (constitucional) de 1967”2.
Así llegamos a estos actuales y curiosos días donde hablan de ‘la terrible herencia’ mientras disfrutan de las ventajas acumuladas por el Estado en Uruguay. Desconcertantes jornadas donde algunos indiferentes, otros cómplices silenciosos de la dictadura, quieren sacar patente de demócratas. Dicen que el que no corre vuela. La vidriera del cambalache está surtida.
1Gerardo Caetano y José Rilla - “Breve historia de la dictadura” (1987)
2(“La primera orden. Gregorio Alvarez, el militar y el dictador. Una historia de omnipotencia”, Alfonso Lessa, 2009, páginas 251 y 252)
 

 

 

 

 

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